La claridad mental estoy seguro que existe, es como en esas películas donde te dan el Oscar al mejor actor de cualquier tipo por una mirada intensa perdida en el infinito en la cual parece que todo hace "clik" y encaja, pero que cuando vuelves al mundo sigue ahí, sin desvanecerse.
Hoy me han dicho que parecía pletórico de buenas vibraciones, puede que así sea, venía escuchando algo que me gustaba, me he amodorrado en el bus, he tenido una mañana ajetreada de mil demonios y volvía a clase sin ninguna gana, pero quería ser feliz, sonreí y me dio igual que el cielo se nublase, es bueno recordar que uno mismo es su mejor sol y su mayor nube negra.
Me gusta recordar en momentos como esta hora, tarde, muy tarde, cuando sorprendo a algún habitante esquivo de la casa cuando acude al baño furtivo, con el pelo revuelto y cara de sueño, me sonrio, no porque sea cómico, sino por la laguidez y la dejadez con la que nos conducimos por casa, es entrañable y me reconforta.
Hace más de dos semanas como cada día cogí el bus, un 20 abarrotado, con un asiento en contra del sentido de la circulación que me marea y no me deja leer bien... estaba cansado, sin ganas de hacer nada en concreto y con muchas cosas concretas que hacer. Miré distraido a los pasajeros, y en un asiento que me quedaba tapado un poco por la barra del autobús viajaban una madre y su hija. Era pequeña, rubia como muchos niños que luego son morenos, con ojos azules como el cielo y una mirada de aburrimiento en aquel inmenso mounstruo de metal y plástico, moviéndose como si su vida dependiese de ello. Me quedé mirándola, recordando aquellos días en los que a mí me pasaba lo mismo, esperé a cruzar su mirada con la mía, y sonreí, primero asombro y luego un juego tan antíguo como el mundo "Cucu ¿donde estás?"
El viaje se hizo largo, las dos líneas que alcancé a leer de mi libro me atrayeron, pero aún me pudo más el juego, simple, insulso, pero reconfortante, la madre lo agradeció, la niña lo agradeció y yo lo agradecí. Se que suena bobo, así me lo ha dicho un Ángel, pero yo disfruté en el fondo de aquello, Eva se llamaba la niña, como la segunda mujer.
Fueron 20 minutos de viaje, muchas escondidas desde el mismo asiento sin movernos demasiado, usando un libro y un par de barras para taparnos la vista y jugar a descubrirnos.
Pero lo disfruté, lo pasé bien...
Hay días en los que una sonrisa y recordar lo divertido que era ser niño puede ayudar mas que un montón de lágrimas y crujir de dientes.
Hoy me han dicho que parecía pletórico de buenas vibraciones, puede que así sea, venía escuchando algo que me gustaba, me he amodorrado en el bus, he tenido una mañana ajetreada de mil demonios y volvía a clase sin ninguna gana, pero quería ser feliz, sonreí y me dio igual que el cielo se nublase, es bueno recordar que uno mismo es su mejor sol y su mayor nube negra.
Me gusta recordar en momentos como esta hora, tarde, muy tarde, cuando sorprendo a algún habitante esquivo de la casa cuando acude al baño furtivo, con el pelo revuelto y cara de sueño, me sonrio, no porque sea cómico, sino por la laguidez y la dejadez con la que nos conducimos por casa, es entrañable y me reconforta.
Hace más de dos semanas como cada día cogí el bus, un 20 abarrotado, con un asiento en contra del sentido de la circulación que me marea y no me deja leer bien... estaba cansado, sin ganas de hacer nada en concreto y con muchas cosas concretas que hacer. Miré distraido a los pasajeros, y en un asiento que me quedaba tapado un poco por la barra del autobús viajaban una madre y su hija. Era pequeña, rubia como muchos niños que luego son morenos, con ojos azules como el cielo y una mirada de aburrimiento en aquel inmenso mounstruo de metal y plástico, moviéndose como si su vida dependiese de ello. Me quedé mirándola, recordando aquellos días en los que a mí me pasaba lo mismo, esperé a cruzar su mirada con la mía, y sonreí, primero asombro y luego un juego tan antíguo como el mundo "Cucu ¿donde estás?"
El viaje se hizo largo, las dos líneas que alcancé a leer de mi libro me atrayeron, pero aún me pudo más el juego, simple, insulso, pero reconfortante, la madre lo agradeció, la niña lo agradeció y yo lo agradecí. Se que suena bobo, así me lo ha dicho un Ángel, pero yo disfruté en el fondo de aquello, Eva se llamaba la niña, como la segunda mujer.
Fueron 20 minutos de viaje, muchas escondidas desde el mismo asiento sin movernos demasiado, usando un libro y un par de barras para taparnos la vista y jugar a descubrirnos.
Pero lo disfruté, lo pasé bien...
Hay días en los que una sonrisa y recordar lo divertido que era ser niño puede ayudar mas que un montón de lágrimas y crujir de dientes.
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