
Hoy ha empezado el día bien, he dormido lo que debía, tras levantar las alas del nido, encontré que no tenía alpiste para desayunar fresco. Esto me hizo pensar que ya estaba bien de tanto sueño, que con las alas no podía abrir el congelador en condiciones. çasí que tras un desayuno pausado, con pan congelado, sintiéndome Jack Frost, empecé a leer la red, y me encontré con gafas negras, un tipo que se hacía llamar Morfeo diciendo que había que entrar en MATRIX y un montón de gente con cara de circunstancia.
Por suerte dí el primer sorbo a mi bebida y todo retomó a un lugar un poco más centrado, pero aún así me sentía medio dormido. Miré en los armarios de la cocina, para comprobar que era preciso salir a comprar, así pues, con un carro, una chaqueta de cuero endurecido y unas pocas monedas inicié mi andadura. Dos tropiezos, un atropello y varios quiebros para evitar lo que parecían merengue de chocolate salido de una factoría móvil con problemas de higiene alcancé mi destino. Por desgracia, las cajeras parecieron entender que yo también tenía un día raro, nos saludamos con cortesía profesional, cogí lo imprescindible y sin blandir los aceros nos despedimos no sin cierto retintín al decir eso de "Que pase usted un buen día", ¡pardiez! me sentí ofendido, pero lo dejé correr, no era cuestión de hacer peligrar la vida mía en mitad de semejante tumulto de demonios infernales cubiertos de rulos y malos modales.
Ganar la alta torre y depositar los instrumentos de alimentación fue relativamente sencillo, lo complicado se inició en la preparación de la mochila para ir a la palestra. Desde luego, todo estaba en su sitio, el sitio que no le correspondía, esto es, cualquier lugar que se sucediese entre el dormitorio y el aseo, recogiendo de paso los pasillos laterales y las habitaciones fuera de mi jurisdicción.
Ya puestos en faena, rodeado de mal olor a humanidad, dejando que mi cuerpo se desintegrase para contribuir al hedor fundamental y preguntándome por enésima vez ¿Qué demonios hago yo aquí? sumé el tiempo, las calorías y el recorrido exacto para dejarme avanzar a la siguiente casilla. Mis opositores en esta ocasión lucían torsos torneados, abdómenes curvos o simplemente plumas de palomo chulo con un pecho tremendamente hinchado.
Unos cientos de levantamientos después alcancé el agua cálida, bueno, cálida lo que se dice cálida no es que fuese, pero a estas alturas, con el calor de la sala anterior y su olor conseguí hacer lo suficiente como para no pelarme en esta ocasión de frío.
Al final, con un chorrito de agua caliente y todo conseguí terminar de volver a mi antiguo ser, con algo más de cansancio y menos tiempo en el bolsillo, que me dijo descaradamente, tienes 10 minutos mal contados para llegar a donde sueles tardar 15 en llegar. Lo juro, en ese momento el cansancio fue como una maza, no se si en el pecho o en el trasero, pero milagrosamente llegué, incluso antes de escuchar el clamor de las trompetas de liberación.
Pero todo no acaba aquí, ¡maldición! Esta tarde tengo médico y seguramente tendrá preparada la pistola de repetición para sacarme sangre, mandarla lejos y devolverme un papel extraño que interpretar a duras penas, con un diccionario, mucha guinnes y poca formación.
Entended ahora el motivo de la imagen, me siento como Trigum, gritando en cualquier momento, no por desesperación, sino para desfogar un poco la tensión.
Salud a todos!