viernes, 4 de febrero de 2011

Hoy...

Me cambio de lugar. me echo en la cama, me pongo a llorar. Me da el sol en los pies y salgo a gritar, me gritan que no grite y vuelvo a gritar, así, sin más. No busco comida, me como lo que no me digan, no me dejen dejar de pensar, llorar y arrullar, no me da la gana de pensar, solo quiero tumbarme, comer, dormir, leer y llorar.
A la mierda todo, a la mierda la vida, a la mierda el gimnasio, el estudio, TODO. No tengo ganas, nada de nada y me quiero tirar en la cama y olvidarme hasta del olvidar. No quiero nada, palabras, que me suenana huecas, comida, que me engorda y me hace sentir más miserable, abrazos vacíos, porque no me abrazan allí ni donde yo mismo llego, estoy hasta las narices de todo y siempre me pregunto lo mismo ¿Por qué me sigo vistiendo y viviendo?
No tengo la más remota idea, quizás espere volver a sentir auténtico calor, que siento en ocasiones, pero que sea todo el día, a lo mejor aún quiero sentirme bien conmigo, pero la falta de conseguirme me quema y asfixia. No me busco, tengo, ni quiero una puta mierda, porque en el fondo cada día me siento, eso, una mierda.
Y aquí me encuentro hoy, con un sol que calienta, como si buscase darme esperanza, con los platos a lo lejos de una comida que tendría que ayudarme a saciar algo de mi cuerpo y mi alma, pero sin embargo, me siento con ganas de tirarlo todo por la ventana y cuando ya no quedase nada tirarme yo. Porque cada día me doy más cuenta de que el problema soy yo...

miércoles, 2 de febrero de 2011

A carreras adormiladas

Hoy ha empezado el día bien, he dormido lo que debía, tras levantar las alas del nido, encontré que no tenía alpiste para desayunar fresco. Esto me hizo pensar que ya estaba bien de tanto sueño, que con las alas no podía abrir el congelador en condiciones. çasí que tras un desayuno pausado, con pan congelado, sintiéndome Jack Frost, empecé a leer la red, y me encontré con gafas negras, un tipo que se hacía llamar Morfeo diciendo que había que entrar en MATRIX y un montón de gente con cara de circunstancia.
Por suerte dí el primer sorbo a mi bebida y todo retomó a un lugar un poco más centrado, pero aún así me sentía medio dormido. Miré en los armarios de la cocina, para comprobar que era preciso salir a comprar, así pues, con un carro, una chaqueta de cuero endurecido y unas pocas monedas inicié mi andadura. Dos tropiezos, un atropello y varios quiebros para evitar lo que parecían merengue de chocolate salido de una factoría móvil con problemas de higiene alcancé mi destino. Por desgracia, las cajeras parecieron entender que yo también tenía un día raro, nos saludamos con cortesía profesional, cogí lo imprescindible y sin blandir los aceros nos despedimos no sin cierto retintín al decir eso de "Que pase usted un buen día", ¡pardiez! me sentí ofendido, pero lo dejé correr, no era cuestión de hacer peligrar la vida mía en mitad de semejante tumulto de demonios infernales cubiertos de rulos y malos modales.
Ganar la alta torre y depositar los instrumentos de alimentación fue relativamente sencillo, lo complicado se inició en la preparación de la mochila para ir a la palestra. Desde luego, todo estaba en su sitio, el sitio que no le correspondía, esto es, cualquier lugar que se sucediese entre el dormitorio y el aseo, recogiendo de paso los pasillos laterales y las habitaciones fuera de mi jurisdicción.
Ya puestos en faena, rodeado de mal olor a humanidad, dejando que mi cuerpo se desintegrase para contribuir al hedor fundamental y preguntándome por enésima vez ¿Qué demonios hago yo aquí? sumé el tiempo, las calorías y el recorrido exacto para dejarme avanzar a la siguiente casilla. Mis opositores en esta ocasión lucían torsos torneados, abdómenes curvos o simplemente plumas de palomo chulo con un pecho tremendamente hinchado.
Unos cientos de levantamientos después alcancé el agua cálida, bueno, cálida lo que se dice cálida no es que fuese, pero a estas alturas, con el calor de la sala anterior y su olor conseguí hacer lo suficiente como para no pelarme en esta ocasión de frío.

Al final, con un chorrito de agua caliente y todo conseguí terminar de volver a mi antiguo ser, con algo más de cansancio y menos tiempo en el bolsillo, que me dijo descaradamente, tienes 10 minutos mal contados para llegar a donde sueles tardar 15 en llegar. Lo juro, en ese momento el cansancio fue como una maza, no se si en el pecho o en el trasero, pero milagrosamente llegué, incluso antes de escuchar el clamor de las trompetas de liberación.

Pero todo no acaba aquí, ¡maldición! Esta tarde tengo médico y seguramente tendrá preparada la pistola de repetición para sacarme sangre, mandarla lejos y devolverme un papel extraño que interpretar a duras penas, con un diccionario, mucha guinnes y poca formación.
Entended ahora el motivo de la imagen, me siento como Trigum, gritando en cualquier momento, no por desesperación, sino para desfogar un poco la tensión.

Salud a todos!

domingo, 30 de enero de 2011

Lawbug en Málaga

Hace ya cinco años que no lo veía, pensaba que pasaría más tiempo. Pero al final todo ha podido ser y lo tengo aquí apenas un día y medio, pero me da igual, disfruto de él, de su compañía y de poder hablar mirándonos a la cara.
Es extraño comprobar como a pesar del tiempo, aún cuando hablamos por teléfono sigo recordando los gestos de una persona que aprecio tanto y al volver a tenerla cerca no extraño nada, es como si no hiciese tanto tiempo que no nos vemos.
Estoy contento, porque sé que a pesar del tiempo y la distancia hay cosas que nunca cambian ^^

viernes, 28 de enero de 2011

Suelo y flores

Uno de los hechos más hermosos y tristes de la naturaleza es contemplar como se perpetúa el ciclo del crecimiento, muerte y descomposición. Al ver estos pétalos sobre la tierra, en un contraste tan gráfico, siento que se asemejan a gotas de sangre inmaculadas sobre un paño blanco, puesto que resaltan tanto como el rojo sobre el blanco.
El que ayer fuera un hermoso árbol cargado de flores, hoy se acerca a la maduración de su fruto dejando caer y morir los pétalos de sus flores.

miércoles, 26 de enero de 2011

Flores de invierno

Hoy volvía del colegio con mi hermana de la mano, me encontré con algo extraño y que me sigue fascinando, un árbol había florecido en medio del frío y el viento.
La foto no es muy buena, pero se puede apreciar el color blanco-rosáceo de las flores. Fue como sentir una caricia de la primavera bajo un rayo de sol particularmente intenso que me hizo rebullir acalorado dentro de mi chaquetón. Pero fue ese calor el que me hizo añorar algo aún más, la nieve. No he vivido en un lugar nevado y posiblemente si lo hiciese a la larga acabaría deseando ir a un lugar como este, donde el frío del invierno deja a la mayoría de los árboles su manto verde.
Pero por un instante deseé que fuese nieve y poder contemplar una estampa de invierno junto al mar.

Daniel



Hoy, bueno ayer me dijeron que porqué no retomaba esto... La verdad, lo recordaba vagamente y me sentí abrumado por el recuerdo de aquellos que buscaban cada día algo nuevo para poner.

Hoy no se si decir que volveré a colgar cosas con asiduidad, quizás he matado al viejo morfeo y me adentro en la nueva era de Daniel. Realmente no lo sé, no puedo prometer aquello que no creo que cumpla.


Pero me he encontrado ultimamente con extrañas visiones, creo que sacaré partido a la cámara del móvil y subiré algunas de esas instantáneas que me causan cierto pavor, una extraña intranquilidad, atrayendo recuerdos olvidados o simplemente renovando pensamientos anquilosados.

Buenas noches, Dulces sueños.

miércoles, 15 de abril de 2009

Lo curioso de la vida

La claridad mental estoy seguro que existe, es como en esas películas donde te dan el Oscar al mejor actor de cualquier tipo por una mirada intensa perdida en el infinito en la cual parece que todo hace "clik" y encaja, pero que cuando vuelves al mundo sigue ahí, sin desvanecerse.

Hoy me han dicho que parecía pletórico de buenas vibraciones, puede que así sea, venía escuchando algo que me gustaba, me he amodorrado en el bus, he tenido una mañana ajetreada de mil demonios y volvía a clase sin ninguna gana, pero quería ser feliz, sonreí y me dio igual que el cielo se nublase, es bueno recordar que uno mismo es su mejor sol y su mayor nube negra.

Me gusta recordar en momentos como esta hora, tarde, muy tarde, cuando sorprendo a algún habitante esquivo de la casa cuando acude al baño furtivo, con el pelo revuelto y cara de sueño, me sonrio, no porque sea cómico, sino por la laguidez y la dejadez con la que nos conducimos por casa, es entrañable y me reconforta.

Hace más de dos semanas como cada día cogí el bus, un 20 abarrotado, con un asiento en contra del sentido de la circulación que me marea y no me deja leer bien... estaba cansado, sin ganas de hacer nada en concreto y con muchas cosas concretas que hacer. Miré distraido a los pasajeros, y en un asiento que me quedaba tapado un poco por la barra del autobús viajaban una madre y su hija. Era pequeña, rubia como muchos niños que luego son morenos, con ojos azules como el cielo y una mirada de aburrimiento en aquel inmenso mounstruo de metal y plástico, moviéndose como si su vida dependiese de ello. Me quedé mirándola, recordando aquellos días en los que a mí me pasaba lo mismo, esperé a cruzar su mirada con la mía, y sonreí, primero asombro y luego un juego tan antíguo como el mundo "Cucu ¿donde estás?"
El viaje se hizo largo, las dos líneas que alcancé a leer de mi libro me atrayeron, pero aún me pudo más el juego, simple, insulso, pero reconfortante, la madre lo agradeció, la niña lo agradeció y yo lo agradecí. Se que suena bobo, así me lo ha dicho un Ángel, pero yo disfruté en el fondo de aquello, Eva se llamaba la niña, como la segunda mujer.
Fueron 20 minutos de viaje, muchas escondidas desde el mismo asiento sin movernos demasiado, usando un libro y un par de barras para taparnos la vista y jugar a descubrirnos.
Pero lo disfruté, lo pasé bien...
Hay días en los que una sonrisa y recordar lo divertido que era ser niño puede ayudar mas que un montón de lágrimas y crujir de dientes.